
25 de mayo: EL PRIMER GRITO QUE DESPERTÓ UNA NACIÓN
El Expreso de Jujuy
Cada 25 de mayo la memoria se viste de celeste y blanco, pero también de coraje. No es una fecha más en el calendario patrio: es aquella en la que un puñado de hombres y mujeres —con más sueños que fusiles— se animaron a decir “basta”.
Para entenderlo, hay que viajar a esa Buenos Aires virreinal. El 22 de mayo de 1810 se abrió un cabildo abierto que duró días. Las discusiones eran eléctricas: ¿debía caer el virrey Cisneros tras la invasión napoleónica a España? ¿El poder volvía al pueblo?
El 24 de mayo, la tensión era máxima. Se nombró una junta presidida por Cisneros. El pueblo, indignado, no lo aceptó. Al día siguiente —el 25 de mayo de 1810—, la Plaza de la Victoria (hoy Plaza de Mayo) se llenó de vecinos armados de convicción. La presión popular, liderada por figuras como French y Beruti, logró que el Cabildo revirtiera su decisión. Esa jornada nació el Primer Gobierno Patrio: la Primera Junta.
No fue independencia formal —esa llegaría recién el 9 de julio de 1816—, pero fue la grieta por donde entró la libertad. El primer “grito” que rompió el silencio colonial.
Pero la fecha tiene otra capa de emoción, precisamente dos años después. El 25 de mayo de 1812, en la lejana y heroica provincia de Jujuy, el canónigo Juan Ignacio Gorriti bendijo por primera vez una bandera nacional. Era la misma enseña que Belgrano había creado y enarbolado en Rosario, pero que ahora recibía un rito sagrado en el norte combatiente. Ese día, la bandera dejó de ser un símbolo militar para convertirse en un emblema bendecido, amparado por la fe de un pueblo que ya se sentía argentino.
Dos gestos, una misma fecha: un grito político en Buenos Aires y una bendición patriótica en Jujuy. Ambos abrazados por el 25 de mayo.
Hoy, más de dos siglos después, este aniversario nos invita a preguntarnos: ¿seguimos siendo ese pueblo que se anima a soñar gobiernos propios? ¿Qué libertad nos falta conquistar? La gesta no terminó aquel día lluvioso de 1810. Cada generación tiene su propia plaza, su propio cabildo, su propio grito.
Por todo eso, recordemos: el 25 de mayo no es solo feriado. Es la memoria viva de un país que, dos veces en la misma fecha —primero en Buenos Aires, luego en Jujuy—, decidió que ya era hora de tomar las riendas de su destino.


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