
Economia: JUJUY CALIENTE Y UNA CANASTA QUE QUEMA EL BOLSILLO
Fernando Burgos
El primer trimestre de 2026 dejó un dato incontrastable para la economía argentina: la inflación acumulada alcanzó el 9,4% a nivel nacional, según el Indec.
Sin embargo, detrás de esa media se esconde un mapa de contrastes regionales que expone las fragilidades estructurales de cada distrito. Mientras la Patagonia mostró comportamientos más moderados, una provincia del Noroeste Argentino se tiñó de rojo en los rankings.
Este liderazgo inflacionario no es fortuito, sino el resultado de una tormenta perfecta donde los factores geoeconómicos estructurales chocan de frente con una gestión local que parece operar en piloto automático mientras los recursos nacionales se diluyen sin llegar a la calle.
Para entender por qué Jujuy lidera el ranking, basta con mirar el dato que más duele: la comida. Mientras la inflación general fue del 10,2%, los alimentos y las tarifas esenciales se dispararon muy por encima. En febrero, la Canasta Básica Alimentaria (CBA) en la provincia subió un brutal 4,8% (frente a un 3,2% nacional), mientras que la Canasta Básica Total (CBT) aumentó un 4,9% (versus 2,7% en el resto del país).
La realidad detrás de estos números es lapidaria: una familia tipo en Jujuy necesitó casi $1.400.000 en marzo para no caer bajo la línea de pobreza. Los productos que componen la mesa de los jujeños se encarecieron de manera descontrolada. En enero, la papa trepó un 61,9% y la manzana un 48,8%; en febrero, la lechuga se fue al 40,9% y el pollo subió un 9,4%.
La lógica económica indica que los precios de los alimentos siguen la tendencia nacional, pero en una provincia periférica como Jujuy, la ecuación se distorsiona. La dependencia de insumos traídos desde otros centros productivos encarece la logística, y en un ecosistema comercial con poca competencia efectiva, el traslado a precios es inmediato.
La paradoja del barco que se hunde con recursos a bordo
El problema de fondo no es solo la geografía, sino la (mala) administración de los recursos. Mientras el gobierno de Carlos Sadir recibe cuantiosas transferencias discrecionales desde Nación, el impacto en la contención social es imperceptible. El diputado provincial Gastón Remy describió la situación como una "crisis alimentaria", advirtiendo que "hay familias que se saltean comidas y otras que directamente reemplazan la cena con té y pan".
La paritaria salarial es el mejor termómetro del desajuste. En un contexto donde la inflación supera los dos dígitos, el gobierno radical ofreció a los docentes un aumento del 10% en cuatro tramos, con un ridículo 4% para febrero. Con un IPC acumulado que ya viene corriendo a un ritmo del 3% mensual, estas mejoras no solo quedan rezagadas: significan una pérdida de poder adquisitivo en seco.
La sensación en la provincia es de desamparo. El gobierno local replica el modelo de ajuste nacional, pero sin la capacidad de generar amortiguadores propios. Las promesas de "alivio fiscal" chocan con una realidad donde, en febrero, el rubro Vivienda, combustible y electricidad explotó con un alza del 10,5%.
El combo explosivo: logística, guerra y falta de planificación
Vale la pena contextualizar el "estilo Jujuy" dentro del panorama macro. A nivel nacional, la inflación de marzo (3,4%) estuvo empujada por Educación (12,1%) y Transporte (4,1%). Sin embargo, en Jujuy, la ecuación se recalienta con factores externos: el estallido del conflicto en Medio Oriente disparó el precio del petróleo, impactando en combustibles y fletes.
Pero mientras otras provincias logran absorber o mitigar estos shocks, Jujuy parece operar sin un plan de contingencia. Un análisis económico detallado de la situación provincial señala que Jujuy necesita "una mesa de contingencia provincia–municipios para anticipar conflictos (tarifas, alimentos, transporte)" y un plan de empleo que vaya más allá de la promesa.
El diagnóstico es claro: la cadena de responsabilidades está rota. El Ejecutivo provincial no anticipa, la Legislatura no controla con eficacia y los municipios carecen de herramientas para la contención territorial. Sin un tablero de comando, la inflación no es solo un número: es tensión social en estado puro.
Entre la estadística y el hambre
Mientras el presidente Milei insiste en que la inflación "baja" y el ministro de Economía ajusta las proyecciones anuales por encima del 30%, en Jujuy la clase media y los trabajadores ya no discuten porcentajes, sino platos de comida.
La provincia de Jujuy tiene el dudoso privilegio de ser la número uno en el ranking inflacionario. Si el gobierno de Sadir no corrige el rumbo y utiliza los recursos que recibe para subsidiar el transporte, contener los alimentos o renegociar tarifas, el segundo trimestre no será una recuperación, sino una profundización de la crisis.
Por ahora, los números cantan y la canción es un tango desesperado.



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