
25 de Mayo: GARCÍA CUERVA DEJÓ UN CLARO MENSAJE POLÍTICO FRENTE A MILEI EN EL TEDEUM
El Expreso de Jujuy
Lejos de un mensaje exclusivamente religioso, García Cuerva construyó una intervención profundamente política, centrada en la polarización, el deterioro del tejido social, la violencia verbal y la deshumanización que, según planteó, atraviesa tanto a la dirigencia como a la conversación pública cotidiana.
“Basta de arengar la polarización”
El mensaje central del arzobispo quedó sintetizado en una frase directa pronunciada frente al propio Milei: “Basta de arengar la polarización”.
La expresión no pasó desapercibida en un contexto político marcado por la confrontación permanente impulsada desde el oficialismo nacional, donde la lógica amigo-enemigo se convirtió en una herramienta discursiva habitual del Presidente y de sectores libertarios en redes sociales.
García Cuerva diferenció claramente al pueblo argentino de su dirigencia política. Mientras definió a la sociedad como una comunidad que conserva “fe”, “capacidad de esfuerzo” y una “reserva espiritual heredada”, sostuvo que esa fortaleza no encuentra correlato en quienes gobiernan y toman decisiones.
“Lo que nos falta es una clase dirigente que con la fuerza de ese pueblo se anime al diálogo, al encuentro y a la reconciliación”, expresó el arzobispo.
La homilía puso en evidencia uno de los grandes debates del momento político argentino: el desgaste de la representación y la creciente distancia entre la dirigencia y una sociedad golpeada por la crisis económica, la pérdida del poder adquisitivo, la precarización laboral y la incertidumbre social.

Una crítica al individualismo y al “sálvese quien pueda”
En otro tramo de su discurso, García Cuerva advirtió sobre el avance de una sociedad fragmentada y atravesada por el individualismo extremo.
“La sombra de una nube de desmembramiento social se asoma en el horizonte”, sostuvo, al tiempo que cuestionó el “sálvese quien pueda” como expresión de un modelo social que rompe los vínculos colectivos y debilita la idea de Nación.
El mensaje apareció directamente conectado con el contexto económico y político actual, atravesado por el ajuste, los recortes del gasto público y el repliegue del Estado impulsado por el gobierno libertario.
Sin mencionar de forma explícita al Gobierno nacional, el arzobispo describió un escenario donde millones de personas sienten que quedaron al borde del camino: trabajadores sin empleo estable, jóvenes sin oportunidades, jubilados, personas con discapacidad, niños y sectores vulnerables.
La elección de esos sectores tampoco fue casual. García Cuerva eligió poner el foco en quienes hoy aparecen más afectados por el ajuste y la crisis social, retomando además una línea discursiva muy cercana a la que sostuvo durante años el papa Pope Francis y que continúa profundizando el actual pontífice Pope Leo XIV.
Los “haters”, las redes y la violencia política
Uno de los pasajes más fuertes de la homilía estuvo dirigido al fenómeno de la agresividad digital y las campañas de hostigamiento en redes sociales.
García Cuerva habló directamente de los “odiadores” y del “terrorismo de las redes”, en una crítica que impactó de lleno en el ecosistema político libertario, caracterizado justamente por una fuerte presencia digital y por la utilización sistemática de redes sociales para confrontar con opositores, periodistas, artistas y dirigentes.
“Los haters de hoy” y el “terrorismo de las redes” fueron mencionados como parte de una lógica de violencia que destruye vínculos, deshumaniza el debate público y busca disciplinar mediante la agresión constante.
El arzobispo comparó esa actitud con los escribas del Evangelio que “sentados mirando” criticaban el esfuerzo ajeno desde la comodidad y los privilegios.
La referencia generó un fuerte impacto político porque llega en momentos donde el oficialismo mantiene una estrategia de confrontación permanente desde plataformas digitales, muchas veces amplificada por militancias virtuales conocidas como “tropas digitales” o “patotas de redes”.

El subtexto político de la homilía
La homilía tuvo además múltiples símbolos políticos cuidadosamente construidos.
La elección del pasaje evangélico sobre el paralítico discriminado y abrazado por Cristo fue interpretada como una referencia directa a los sectores vulnerables y particularmente a las personas con discapacidad, uno de los colectivos que viene denunciando recortes, demoras y dificultades en políticas públicas nacionales.
En paralelo, García Cuerva retomó conceptos ligados a los “descartados”, una categoría central del pensamiento social del papa Francisco.
También cuestionó el “derroche”, el “despilfarro”, la pérdida de empatía y la naturalización de la violencia verbal.
Todo el discurso estuvo atravesado por una idea central: la Argentina atraviesa un proceso de fragmentación profunda y la dirigencia política aparece incapaz de construir consensos mínimos.
Milei, las tensiones internas y las ausencias

El presidente Milei participó de la ceremonia acompañado por funcionarios de máxima confianza. Caminó desde la Casa Rosada hasta la Catedral Metropolitana junto a su hermana y secretaria general de la Presidencia, Karina Milei; el vocero y jefe de Gabinete electo Manuel Adorni; el presidente de la Cámara de Diputados Martín Menem y otros integrantes del oficialismo.
Antes había participado del acto frente al Cabildo y entonado el Himno Nacional.
Sin embargo, el Tedeum también dejó al descubierto tensiones políticas internas. La gran ausencia fue la vicepresidenta Victoria Villarruel, quien no fue invitada oficialmente en medio de su prolongado distanciamiento con el entorno presidencial.
Fuentes cercanas a Villarruel atribuyeron esa exclusión a Karina Milei, figura central en el armado político del oficialismo.
También se destacó la ausencia del ministro de Economía Luis Caputo, quien no asistió por un cuadro gripal.
Mientras tanto, el asesor presidencial Santiago Caputo finalmente estuvo presente pese a que sectores de “Las Fuerzas del Cielo” habían anticipado que no participarían de los actos oficiales.
Una Iglesia que vuelve a marcar límites

La homilía de García Cuerva dejó una señal política clara: la Iglesia Católica busca recuperar un rol de advertencia frente al avance de la violencia discursiva, la polarización extrema y el deterioro social.
Con un tono moderado pero firme, el arzobispo construyó un mensaje que evitó el enfrentamiento explícito con Milei, aunque cuestionó varios de los rasgos centrales de su construcción política y comunicacional.
En tiempos donde el debate público argentino parece cada vez más dominado por la confrontación permanente, la intervención de García Cuerva funcionó como una advertencia institucional y también como una toma de posición frente al rumbo político y social del país.
El mensaje quedó resumido en una frase que resonó tanto dentro como fuera de la Catedral Metropolitana: “El que quiere oír, que oiga”.


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