Rodríguez Larreta, todo amor es político

NACIONALES Por Carlos Torino
Horacio Rodríguez Larreta quiere ser presidente desde niño. “A los seis años se dibujaba con la banda presidencial”, dijo alguna vez un excompañero de grado. Ya de adulto y en carrera hacia ese sueño, parece que a veces quiere y a veces no. Por ejemplo, en la semana que termina su apreciación es que sí puede llegar al sillón de Rivadavia. Claro está que su decisión o su autoestima depende del humor social que surge de las encuestas.
Larreta y su novia también funcionaria
La última muestra lo entusiasmó porque le asegura que vence a Mauricio Macri y a Patricia Bullrich juntos, separados o como fuere. Entonces, hijo al fin y al cabo del marketing político, organizó una entrevista con uno de los bufones que tiene en los canales capitalinos para que le pregunte – pongámosle- a modo intimista si estaba en pareja, y quedar como un ser humano tan natural y espontáneo como lo es cualquiera que camina por la calle.
“Me enamoré. Estoy muy feliz. Me desestructura y me hace muy bien”, expresó relajado sobre su estado sentimental, aunque fue un reportaje donde con su tono, acusado de blando dentro del mundo PRO, lanzó algunas precisiones sobre el desarrollo de la pelea intestina opositora. Eso sí, cuando se animó a mencionar que su candidatura “no depende de lo que haga Mauricio”, el tutor de la criatura, utilizó, a la mañana siguiente, unos de sus medios predilectos para responder. Aprovechando que siempre lo tratan bien, se brindó íntegro a una entrevista con la emisora Mitre Córdoba. Allí, Macri se despachó con un “siempre estoy en la cancha” y dándose un perfil de estadista planteó que “ahora hay que pelear por las ideas y los valores”.
En tiempos de halcones y palomas, mientras el Jefe de Gobierno porteño juega a humanizar su figura y discurso, sus oponentes endurecen sus posturas. La noticia de color fue el noviazgo blanqueado del precandidato presidencial pero la propiedad de los títulos políticos se la llevó el CEO del espacio: Mauricio Macri. Por otro lado, Patricia Bullrich ya manifestó que va a apoyar a Jorge Macri como precandidato a Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Esto obliga a Larreta a definir su sucesor, mejor dicho: lo pone contra la pared. Ya que desde hace un tiempo se escucha por los pasillos del palacio gubernamental porteño, que el elegido puede ser el radical Martín Losteau.
El noviazgo de Larreta entra en escena cuando queda un año para las presidenciales. El amor y la paz, se sabe, siempre “garpan” electoralmente, pero hete aquí una cuestión que excede a la alcoba. La separación con su ex, la reconocida wedding planner Bárbara Diez, fue tan escandalosa como rápida para taparla con el blindaje mediático. Cuando sobrevino la separación, el “pelao” tuvo que partir del domicilio conyugal para no agrandar el conflicto. Los medios que amplificaron lo necesario para la información, en ese final de 2020, solo hablaron los que le dictaron desde las oficinas del focus group que maneja la imagen de Larreta. Bajo los términos de “cansancio”, “distanciamiento”, “sorpresa”, “objetivos distintos” se daba a conocer el divorcio del jefe CABA. Nada extraño para el resto de los mortales, pero sí para el político que tiene su base amplia en el conservadurismo y los moralismos liberales. El motivo que más circuló fue la infidelidad, una categoría, que aún el medio pelo argentino no le perdona ni a un gobernante. Justamente, el motivo de ese problema fue la supuesta relación con la que hoy lo tiene enamorado: Milagros Maylin.
Primero la negación y la invisibilidad de la mujer para continuar con su imagen pública construida con valores subyacentes al más rancio ideario conservador y confesional. Luego, cuando hay que empezar a mostrarse más y “no es bueno que el hombre esté solo” entra en acción el romance. Larreta pronuncia la palabra amor y admite su enamoramiento. Mientras los duros giran sobre cómo acumular poder y ser más opositores, el jefe de Gobierno se planta con una historia personal para trascender a los propios espacios políticos. Así, HRL se ubica como noticia en otros segmentos de la información y empieza a ser consumido por receptores no politizados. Una clara ventaja que tiene el modo PRO de la política contra la militancia más tradicional: los votantes también son audiencias y hacia allí va Horacio Rodríguez Larreta.
En este preciso momento del montaje publicitario del romance, se tira -no precisamente al viento- el currículo de la compañera sentimental del político. Se la muestra como una oda a la meritocracia, que, si bien apenas se ve con una lupa grande, se puede advertir que es tan burócrata como su novio. Maylin no obstante educada en colegios privados y con buena prensa, egresada con medalla de oro de la licenciatura en comunicación social en la universidad Austral (siempre aparece algún lauro en los currículos de los y las dirigentes de Juntos por el Cambio) fue subsecretaria de Integración Social en la gobernación de María Eugenia Vidal, pasó por una dirección provincial del mismo gobierno y es funcionaria actual en el gobierno de la ciudad de Buenos Aires. Desde sus iniciáticos trabajos en la faz privada, supo emerger la curiosidad por la esfera estatal para, acaso, concluir el periplo paseando triunfal desde el Congreso a la Plaza de Mayo en un descapotable un 10 de diciembre. 
Para esa foto, este romance. Aun así, no haya podido dejar atrás al padre político.

 

 

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